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El período de Lucidez Transitoria de nuestros tiempos: La Depresión post-vacacional

En efecto, es real. El también denominado síndrome postvacacional da nombre a un proceso adaptativo de las personas para las que la diferencia entre la rutina de las vacaciones y la vida trabajando es fuerte.

Mientras que hay personas que afrontan la vuelta al entorno laboral como un alivio —principalmente quienes en vacaciones se encuentran con una situación de pareja complicada, con los niños en casa, teniendo que organizar todo…—, hay quienes lo viven de una manera completamente opuesta.

Un clima desagradable en el trabajo, una inadecuada relación con los jefes, una menor capacidad para asimilar el estrés o no contar con una red de apoyos puede hacer que la vuelta al trabajo sea mucho más dura e influir en que ese cambio sea más brusco y aparezcan los síntomas de la depresión postvacacional.

Pero nosotros lo afrontamos desde el otro vértice o punto de vista transversal que va en contra de los perniciosos hábitos de nuestra actual sociedad.

 

Cada vez es más habitual el diagnóstico de Depresión post-vacacional. Los pacientes al volver a la rutina diaria después de disfrutar de un período de descanso merecido, sufren síntomas como desánimo, astenia y tristeza. Normalmente estos pacientes refieren que no les apetece volver al trabajo. Incluso algunos se replantean la vida y sueñan con un cambio importante: menos horas de trabajo semanal, un ambiente laboral más saludable, mayor motivación por la actividad que se desempeña diariamente, etc.

 

La necesidad genera la búsqueda de soluciones. En este caso la necesidad es el malestar, el desánimo, la falta de motivación por volver a aquello que el cuerpo y el subconsciente saben que no se debería volver. Sin embargo, son pocas la veces en que estos períodos críticos inducen a soluciones. Soluciones que tienen que ver con tomar decisiones importantes. Cambios de trabajo, inicio de nuevos proyecto, etc.

 

Aguantar y esperar a que pase el problema acaba generando un adaptación a la rutina no deseada

 

El problema es que la mayoría de veces, simplemente, se opta por aguantar, por esperar a que pase. De este modo, en unas 4-6 semanas, se acaba generando una especie de adaptación a la rutina no deseada que difumina los deseos de cambio.

 

Si nos replanteamos el enfoque clásico de depresión post-vacacional, surge la pregunta de: ¿realmente es un síndrome o se trata de una serie de síntomas que están indicando que se debe hacer algo?

 

Cuando los niveles de glucosa en sangre bajan, el cerebro los detecta y se transforman en la sensación de hambre. Su objetivo es buscar comida y normalizar la energía de nuevo. Lo mismo pasa con la sensación de sed cuando baja el volumen sanguíneo. O algo incluso más sencillo, cuando aparece la sensación de sueño, simplemente se debe dormir.

 

En esta misma línea, cuando aparecen síntomas de desmotivación, tristeza o astenia por volver a la rutina no deseada, nos deberíamos hacer la siguiente pregunta: ¿Qué necesita mi cuerpo que haga?

 

Depresión post-vacacional como período de lucidez transitoria

despresion post-vacacionalVisto de este modo, a lo mejor se trata de un período de lucidez transitoria. Después de seguir una rutina no deseada durante 11 meses al año, tomamos unos días de descanso, nuestro cuerpo y mente “se oxigenan”, y empezamos a ver claro algunas cosas que en el “fragor de la batalla” del día a día habíamos perdido de vista. Realmente se debería escuchar al cuerpo que nos está hablando y pidiendo que cambiemos algo en nuestras vidas.

 

Es posible que al leer estas líneas pienses que esto que se propone es muy utópico, que se necesita el dinero que nos da ese trabajo para vivir, que existen hipotacas, etc. Por supuesto, hay situaciones en que la necesidad impera por encima del bienestar. Pero, ¿hay algún otro trabajo que me podría dar ese dinero que necesito? ¿Podría reducir algún gasto que me permitiría ser más libre? ¿Podría soltar “lastre” de alguna hipoteca que me está esclavizando?

 

Los humanos podríamos tolerar mejor el estrés cuando tenemos una necesidad que cuando no la hay

 

Se han realizado estudios en modelos animales. Por ejemplo, se somete a situaciones de estrés a ratones con la barriga vacía y con la barriga llena. Los resultados enseñan niveles de cortisol diferentes en los 2 grupos. Contrariamente a lo que se podría pensar, los ratones toleran peor el estrés cuando tienen la barriga llena. Si se extrapolan estos resultados a humanos, podrían significar que cuando hay necesidad, se tolera mejor el estrés que cuando no hay necesidad. De hecho, si se analiza con un poco de perspectiva, ante una situación de necesidad se puede y se debe “apretar los dientes” para aguantar y sobrevivir. Pero ante la carencia de necesidad, aguantar y callar no es la mejor solución. Así pues, si no quieres acabar tomando pastillas, tendrás que tomar decisiones.

 

Conclusión…

No solo el trabajo representa nuestra rutina. También puede ser la ciudad en la que vivimos, la pareja, amistades, socios. Sea lo que sea: ¡Suéltalo! Las decisiones valientes raramente son equivocadas.

 

Si estás leyendo este artículo y te sientes identificado/a, no lo dudes: ¡sé valiente y toma decisiones! La vida es demasiado corta para ser desperdiciada. Si por contra, no te pasa ninguno de los síntomas de los que se han hablado en este post, al contrario, te gusta tu día a día, e incluso te ilusiona volver a tu rutina: ¡Felicidades! Estás en el camino correcto.

GRACIAS REGENERAPNI