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La ventilación de espacios cerrados: fundamental en la prevención del covid-19

Una de las cosas que estamos aprendiendo. Si con la gripe ya lo sabíamos y nos costaba andar ventilando en invierno por aquello del frío y las calefacciones, ahora con el coronavirus no nos queda otra que ventilar allá donde estemos.
Vamos vamos!!

 

Calidad del aire: cómo y cuándo ventilar un espacio cerrado

En casa, en un aula, en la oficina o en un local comercial debemos mantener un nivel de ventilación correcto para garantizar un ambiente libre de masas de aire contaminante.

 

Después de mucho batallar con geles, mascarillas, distancias de seguridad… incluso la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha reconocido que la transmisión de muchos virus (en base, sobre todo, a los estudios realizados tras la pandemia del SARS-CoV2) se puede llevar a cabo en espacios interiores al respirar los denominados “aerosoles”.

¿Qué es y cómo funciona un aerosol?

Cuando respiramos, charlamos, gritamos, tosemos o estornudamos emitimos, a través de nuestro aparato respiratorio, gotitas procedentes de nuestras vías superiores (boca, nariz y ganganta/tráquea). Las gotas más grandes caen rápidamente al suelo, pero hay otros fragmentos, formados por partículas más pequeñas (menores de 5 micras: la décima parte de la sección de un cabello) que tienen capacidad para unirse en masas de aire y flotar en el ambiente.

Formación de un aerosol

Para hacer más comprensible este fenómeno vamos a recurrir a la física del aire: cuando la temperatura aumentan en el interior de un espacio cerrado, las moléculas de una sustancia que estaban flotando forman una masa gaseosa que no es visible. Este fenómeno se denomina “cambio de fase”; estas masas de aire, denominadas aerosoles, pueden contener partes minúsculas de un virus que, aunque por su tamaño puedan parecer insignificantes, disponen de capacidad suficiente para contagiar a una persona.

Carga viral de un aerosol

El aire que respiramos es una mezcla de gases compuesto por nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, vapor de agua y pequeñas cantidades de otros elementos (argon, neon, etc.). En esos “otros elementos” podrían estar incluidos los aerosoles y las partículas de las sustancias que transportan.

Respiramos una media de 17 veces por minuto y en cada inspiración normal introducimos ½ litro de aire en los pulmones.  Dependiendo del ejercicio, de la edad, la temperatura ambiental… nuestra capacidad pulmonar total es de unos de cinco litros: cuando realizamos una  inspiración forzada (se denomina “capacidad vital”) introducimos de golpe hasta 3,5 litros de aire. En ese aire puede estar presente parte de un aerosol pero, como ya hemos citado con anterioridad, las partículas en las que se puede transportar un virus son las más pequeñas. Esto supondría que recibiríamos una contaminación con muy poca carga viral pero, como se ha demostrado en la actual pandemia, dependiendo de la respuesta de nuestro sistema inmune, cualquier carga viral procedente del SARS-CoV2 puede ser potencialmente peligrosa.

Los Los lugares públicos cerrados son peligrosos por los aerosoles

 

El tamaño de las gotículas contenidas en un aerosol varía según cómo y dónde se produzcan dentro de las vías respiratorias: la tos genera la mayor concentración de gotículas, pero se ha demostrado que en solo dos minutos de conversación se pueden producir tantas partículas minúsculas contaminantes como en un golpe de tos.

La protección

Sin duda la mascarilla es la barrera principal que nos permite respirar en un espacio cerrado con ciertas garantías para evitar los aerosoles, pero hay circuantancias, como puede suceder en un restaurante o cafetería, en las que podemos encontrarnos respirando dentro de un recinto confinado sin la protección más apropiada: al comer o beber debemos retirarnos la mascarilla y no siempre nos la volvemos a colocar con la rapidez necesaria.

El uso de mascarilla es la medida elemental para protegernos de los aerosoles, pero no la única

Las gotas que son más pequeñas que 5 micras pueden permanecer suspendidas en el aire desde muchos minutos… hasta horas, porque el efecto del arrastre de aire en relación con la gravedad es grande. Además, el contenido de agua de las gotas portadoras de virus se evapora mientras están en el aire, disminuyendo su tamaño. Incluso si la mayor parte del líquido se evapora de una gotita cargada de virus, la gotita no desaparece; simplemente se vuelve más pequeño, y cuanto más pequeña es la gota, más tiempo permanecerá suspendida en el aire. Debido a que las gotas de menor diámetro son más eficientes para penetrar profundamente en el sistema pulmonar, también presentan un riesgo de infección mucho mayor.

La única solución viable es la de disponer de un espacio bien ventilado que garantice la ausencia de aerosoles.

El aire contenido en una estancia se puede filtrar o someterse a la renovación temporal con aire del exterior: tanto los filtros específicos (HEPA, carbono activado, deshumificadores…), como las corrientes de aire del exterior aniquilan los aerosoles y, aunque puedan quedar partículas dentro del espacio cerrado, ya se habrán roto los aerosoles que las transportaban y caerán al suelo.

La ventilación

Las gotas que son más pequeñas que 5 micras pueden permanecer suspendidas en el aire durante muchos minutos… hasta horas, porque el efecto del arrastre de aire en relación con la fuerza de la gravedad es desfavorable. El contenido de agua de las gotas portadoras de virus desaparece mientras flotan, reduciendo su tamaño pero, aunque el líquido se evapore de una gotita cargada de virus, no desaparece. Al volverse más pequeño más tiempo permanecerá suspendida en el aire, con el agravante de que las gotas de menor diámetro son más eficientes para penetrar profundamente en el sistema pulmonar, presentando un riesgo de infección mayor.

 

La mejor manera de evitar entrar en contacto con un aerosol es favorecer la ventilación o la depuración del aire, siendo mucho más sencillo y eficaz el primer método, pero nos surgen algunas preguntas importantes: ¿cada cuánto tiempo ventilar? ¿cómo saber el momento en el que hacerlo? ¿Cuánto tiempo durará la ventilación?

Leyes y realidad

En nuestro país existe un protocolo que dirige la reglamentación, se denomina RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios) y con su aplicación se pretende mantener en el mejor estado posible la calidad del aire en interiores. El índice que utiliza la norma RITE está clasificado ésta en 4 categorías: IDA 1, IDA 2, IDA 3 e IDA 4 (del inglés indoor air).

Por poner un ejemplo, en pabellones y aulas de enseñanza se exige una categoría IDA 2 (aire de buena calidad) a la que el RITE asigna un valor límite de +500 ppm (partículas por millón) sobre la concentración de CO2 del exterior. Es decir: hay que medir la calidad del aire exterior y, sobre esa cifra, se aplica el protocolo de medición interior.

Por ejemplo, llegamos a una sala y hemos medido en la calle 450 ppm de CO2, si marcamos un límite de calidad del aire de 1000 (una cifra bastante realista), momento en el que deberíamos  proceder a la ventilación, tenemos un margen de 550 ppm de CO2.

Medidor de CO2 en el ambiente

 

Sin la ayuda de un medidor de CO2 (y otros gases) resulta imposible saber cuál es la saturación de dióxido de carbono en una estancia, pero ahora no son aparatos demasiado caros y son bastante fiables.

En cualquier caso la universidad de Harvard recomienda 5 cambios de aire por hora y ha desarrollado esta calculadora para ajustar al máximo el tiempo de ventilación:

ACCESO A LA CALCULADORA PARA LA VENTILACIÓN

La efectividad de esta técnica de ventilación depende de las características de cada sala, pero siempre dependerá del tamaño de las ventanas o huecos de ventilación y de la orientación de estas en cada estancia (si están enfrentadas se crea una corriente de manera más sencilla). Para recintos donde los huecos de ventilación al exterior son pequeños o insuficientes, se puede recurrir a la utilización de ventilación forzada (ventiladores) para aumentar el flujo de aire desde el exterior, siempre que lo coloquemos en una ventana o en un conducto que comunique con la calle.

Con un ventilador ayudamos a incrementar el flujo de renovación de aire

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