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ONDA CORTA

ONDA CORTA

La onda corta (OC) es un tipo de radiación electromagnética (RE) usada por los fisioterapeutas (FT), cuyo rango de frecuencia está comprendido entre los 10 y 100 MHz y su longitud de onda entre 3 y 30 m (1). Desde la primera aplicación que hace d’Arsonval en 1892 se describe que la interacción de la OC con los tejidos biológicos produce calor (2), es por esto que comúnmente también se la denomina “diatermia”, aunque este término no es exclusivo para la OC, ya que engloba también a las microondas (MO) cuyo espectro de frecuencia y longitud de onda son diferentes a la OC (300 MHz – 300 GHz / 0,001 – 1 m respectivamente) (1).

Debido a que la OC está en el espectro de las ondas de radio y su señal puede producir interferencia en las comunicaciones, en Estados Unidos la Comisión Federal de Comunicaciones asignó para aplicaciones médicas de OC 13,56, 27,12 y 40,68 MHz (3), aunque la banda de frecuencia más comúnmente usada por los fabricantes de los equipos es de 27,12 MHz con una longitud de onda de 11,06 m (4). La OC puede entregar la energía electromagnética en forma continua o pulsada, usando para ello diferentes tipos de electrodos: placas capacitativas en donde predomina el campo eléctrico y/o bobinas inductivas en que predomina el campo magnético (1).

Como agente terapéutico se considera uno de los métodos más importantes de termoterapia profunda (1,5) y tendría algunas ventajas comparativas con respecto a otros agentes físicos: comparado con las compresas húmedo-calientes, hidroterapia y baños de parafina, los efectos de la OC se producen en los tejidos más profundos (3 a 5 cm de penetración) sin producir un incremento considerable de la T.a de los tejidos más superficiales (6,7); comparado con el ultrasonido, puede abarcar áreas más grandes de tejido en un mismo periodo de tiempo, sin que la radiación experimente cambios en la transmisión debido a la diferencia de impedancia de los tejidos biológicos (1,8-10).

La onda corta continua (OCC) entrega la energía electromagnética en forma continuada sin ninguna interrupción, lo que produce un incremento importante de la energía cinética molecular y, por consiguiente, un aumento de la temperatura del tejido expuesto. Se han descrito una serie de efectos fisiológicos asociados al efecto térmico de la OCC, tales como vasodilatación, incremento de la velocidad de conducción nerviosa, de la tasa metabólica, de la extensibilidad del tejido colágeno y aumento del umbral doloroso (1,11,12).

En el caso de la onda corta pulsada (OCP), la entrega de energía electromagnética se realiza de manera intermitente (13), es decir, el equipo funciona a la misma frecuencia que la OCC, pero la energía de salida se proporciona en forma de trenes de pulsos (14), cuyo rango de duración está entre los 20 y 400 µs (13). De este modo, la intermitencia en la entrega de energía permitiría que el calor producido por la oscilación del campo electromagnético se pueda disipar por la circulación sanguínea (15), minimizando de esta forma los efectos térmicos de la OCC, es por esto que tradicionalmente la OCP se ha usado por sus supuestos efectos atérmicos (1,11,12). A pesar de esto, la definición sobre el mecanismo de acción de la OCP ha sido objeto de debate y controversia en la literatura, algunos autores sostienen que son los efectos térmicos producto del incremento en la temperatura y el flujo sanguíneo los responsables de los efectos producidos por la OCP (16-20); sin embargo, hay otros autores que postulan la existencia de efectos atérmicos, como la restauración del potencial de membrana e interacciones entre el nivel iónico y molecular, los responsables de los efectos terapéuticos atribuidos a la OCP (21,22). Sin prejuicio de lo señalado anteriormente, la absorción de energía electromagnética en los tejidos siempre se traducirá en cambios térmicos, aunque en el caso de OCP estos debiesen ser imperceptibles, puesto que habrá disipación del calor en los periodos de pausa del pulso, y el paciente no será capaz de percibir el incremento de la temperatura (23). Aunque estudios publicados recientemente han corroborado que la OCP produce un incremento de la temperatura del tejido expuesto, pero este aumento no se relaciona directamente con la percepción térmica descrita por el paciente, mostrando también que la percepción de calor a nivel cutáneo no asegura un incremento directamente proporcional de la temperatura de los tejidos profundos, y además es dosis dependiente, vale decir que tiene directa relación con la potencia media total entregada en la aplicación de OCP (24-27). Los efectos fisiológicos atribuidos a la OCP son: incremento del flujo sanguíneo, disminución del dolor y la rigidez articular, disminución del proceso inflamatorio, reducción del edema y favorecimiento de la reparación tisular (1,5,7,11,12,22,28,29).

Aunque la OC es una de las modalidades más tradicionales de electroterapia, y más comúnmente usada por los fisioterapeutas para el manejo del dolor de origen musculoesquelético (22,30-32), no existe claridad ni consenso entre los fisioterapeutas en qué patologías y/o condiciones clínicas se debe usar (12,33), se ha propuesto el uso de OC en injurias de tejidos blandos (traumáticas y postquirúrgicas), artropatías (osteoartritis, artritis reumatoide) y en cuadros de regeneración nerviosa, sin embargo, no existe evidencia publicada en la literatura que avale su uso en algunas de estas patologías (27). El Panel de Expertos de Filadelfia en sus recomendaciones para Guías de práctica clínica, publicadas en el año 2001, encontraron evidencia insuficiente acerca de la efectividad terapéutica de la OC en el manejo del síndrome de dolor lumbar (SDL) agudo, subagudo, crónico o postquirúrgico (34); en el dolor cervical agudo y crónico (35); en la tendinitis cálcica y el dolor inespecífico de hombro (36), por otra parte, existen muy pocas revisiones que hayan estudiado su efectividad clínica (11,37,38) y los estudios primarios incluidos se han enfocado principalmente en la osteoartritis de rodilla (OA). Es conveniente mencionar que, de acuerdo a la fecha de realización y publicación de estas revisiones, los artículos incluidos en ellas son anteriores al año 2000, considerando además el gran volumen de información biomédica publicada en las últimas décadas, creemos que se hace necesario actualizar y ampliar los límites de búsqueda de las revisiones que han estudiado el tema. De lo anteriormente expuesto nacen nuestras preguntas de investigación: en pacientes con alguna patología de origen musculoesquelético de curso agudo o crónico, ¿el uso de la OC sola o en conjunto con otras intervenciones terapéuticas presenta algún efecto analgésico que pueda avalar su indicación y uso clínico?, ¿qué tipo de OC y a qué dosis se logra el potencial efecto analgésico de la OC? El tratar de dilucidar estas interrogantes fue lo que motivó la realización de la presente revisión sistemática.